Este es un libro extraordinario. Fundamental para entender los orígenes del nazismo y su rápida expansión.

De hecho empieza, claro, con los orígenes familiares del propio Hitler (1889-1945). Sus cuatro años en Linz con August Kubizek -probablemente de los pocos amigos que tuvo- y cómo desapareció un día sin dejar rastro. Sólo volvieron a encontrarse años después cuando ya era canciller.

Sus problemas en la escuela -“nunca consiguió dominar la gramática y la ortografía”- o la relación con su madre, Klara Pölzl, que murió en 1907 de cáncer. El resto es conocido: su intento de convertirse en pintor -no dominaba ni las perspectivas ni el retrato- y su traslado a Munich. Ahí empezó a todo porque había un caldo de cultivo.

Sus cuatro años de guerra en el 16º Regimiento de Infantería bávaro donde obtuvo tres condecoraciones: la cruz de hierro de segunda clase, la cruz del mérito militar y la cruz de hierro de primera clase. Aunque nunca pasó de cabo. Después, la manera cómo aterriza en el Partdio Nazi y, en cierta manera se apodera de él. El descubrimiento de sus capacidades oratorias.

Pero el libro es importante porque describe también las turbulencias políticas y económicas de la Alemania de la posguerra: una República vacilante que se había proclamado con un discurso para hacer frente a la Reública bolchevique que preparaban Liebknecht y Rosa Luxemburgo.

Cómo entre 1919 y 1922 hubo más de 400 asesinatos políticos -no habia habido ninguno durante el II Reich- y cómo el marcó se cotizaba a 7,45 dólares en 1918 y a más de cuatro billones en 1923.

También describe con pelos y señales el putsch de Munich (1923) pero como luego el principal acusado le dio la vuelta durante la vista oral. El presidente le dejó hablar … ¡cuatro horas! y en vez de ser condenado a cadena perpetua le cayeron solo cinco años: cumplió sólo trece. Además estuvo a pan y cuchillo -de los regalos que recibió, sobre todo en comida- y aprovechó para escribir el Mein Kampf.

Quizá la única pega que se le puede poner al libro -que ha recuperó casi clandestinamente la editorial Battle Books hace unos años- es en primer lugar el título. Más valdría haber mantenido el original (“Prelude to terror. The rise of Hitler 1913-1923)” en vez de bautizarlo como. “Putsch. Cómo hizo Hiter la revolución”. Al fin y al cabo no fue una revolución y no versa sólo sobre el intento de golpe de estado.

En segundo lugar, atribuible al autor, el no citar las fuentes. El propio Richard Hanser explica al final de la obra que, en su opinión, fatiga “al lector” y que pensó que “sería mejor indicar brevemente cómo fueron reunidos los nmateriales que habían de constituir este libro”.

Se le perdona porque hace dos cosas: una desplazarse al lugar de los hechos y, otra, acceder a testimonios y documentación original. Como el agregado militar de la embajada de Estados Unidos en Berlín, Truman Smith, que lanzó las primeras señales de advertencia sin que el Departamento de Estado le hiciera caso.

Hanser es de aquellos periodistas anglosajones -americano en este caso-, que como William Shirer o más recientemente Max Hastings se han pasado a la historia. Por esto sería conveniente ampliar sus datos biográficos más alla de explicar que “trabajó como periodista”. Este hombre, por su precisión y rigurosidad, se merce un monumento. Incluso una biografía./ Una reseña de Xavier Rius

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